Nunca es buen momento para hablar. Ni mucho menos resulta posible que haya un mejor momento para hacerlo.
Hablar, o no hablar.
Hay que abrirse de corazón, y dejar de lado miedos e hipocresías. Y si no resulta fácil, entonces el problema no es el momento, si no la falta de sinceridad para con uno mismo.
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